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Historia e historias del arte de la Taxidermia

Egipto.

Si nos preguntamos cuál es el origen del Arte de la Taxidermia, seguramente llegaríamos al Antiguo Egipto donde se practicaban los embalsamamientos de personas y de animales

Pierre Boitard (1789-?), naturalista francés, publicó en 1825 un manual de Taxidermia con el título“Manuel du Naturaliste Préparateur, ou l’Art d´empailler les Animaux, et de conserver les Végétaux et les Mineraux”. En la traducción al español que hizo Santiago Alvarado y de la Peña y que se publicó en 1833 podemos leer:

 “El arte de preparar ó disecar los animales para conservarlos despues de su muerte, es muy antiguo; pues que frecuentemente vemos entre los aficionados y amantes de historia natural muchas curiosidades, como perros, gatos, peces, gavilanes, y sobre todo ibis, cuya antigüedad se remonta quizás á dos mil años. El pueblo antiguo más civilizado de la tierra, el egipcio, poseía este arte en el más alto grado de perfeccion, muy superior á nosotros, pues que sus momias, despues del transcurso de tantos siglos, han llegado hasta nuestros tiempos en un estado perfecto de conservacion. Parece que los gaulas ó galos tenian también sus métodos de disecar que nos son desconocidos; porque en las montañas de Auvernia se ha hallado un cadáver embalsamado al modo egipcio, y perfectamente conservado, que se ha depuesto en el gabinete de anatomía comparada en el jardin de las plantas".

El mismo autor nos explica, más adelante, el procedimiento de embalsamamiento, más o menos cuidadoso, dependiendo de la capacidad económica de la familia del muerto; y avisa sobre el fraude en la comercialización de momias falsas, por lo que también nos describe las diferencias entre las verdaderas momias y las falsas.

El historiador griego Herodoto (484-430) nos describe los tres tipos de embalsamamiento dependiendo de la clase social a la que pertenecía el muerto y, además, nos descubre que los embalsamadores pertenecían a la clase social más baja.

Durante  la prehistoria, los egipcios divinizaron los fenómenos naturales de los que desconocían su causa, algunas plantas y determinados animales por sus cualidades o costumbres. Más tarde los dioses adoptan forma humana (antropomorfismo), pero se representan con cabezas de animales. El dios Horus tenía cabeza de halcón, Anubis tenía la cabeza de perro, Isis o Neftis se representaban con cabeza de vaca, Sejmet con cabeza de leona, el dios Tot con cabeza de mono o de ibis. Los grandes dioses como Osiris o Ra se representaban en forma de Ave Fénix. En determinadas regiones se adoraban más a unos dioses que a otros. Como ejemplo, en Memfis el animal sagrado era el buey Apis.  

Los egipcios creían que después de la muerte tendrían las mismas necesidades y  sentimientos que en la vida terrenal. De acuerdo con sus posibilidades económicas los más ricos se hacían construir las tumbas en edificios hechos con materiales duraderos, y rodeaban el sarcófago de alimentos, estatuas del muerto, monedas y otras ofrendas. Es en estas tumbas donde se han encontrado algunos animales embalsamados, representación de los dioses, entre los que se encuentra el más conociso: el ibis.

El rinoceronte de Durero. 

En el año 1515, el Sultán Muzafar II de Gujarat, en el oeste de la India, envía como regalo al rey Emanuel I de Portugal –que dominaba extensas regiones en aquel lugar- un exótico animal: un rinoceronte. Llegó a Lisboa el 20 de mayo del mismo año. Pronto, el rey de Portugal decidió regalar el rinocente al zoológico del Papa León X. Los historiadores coinciden en que la noticia del animal despertó la curiosidad en Europa y que hasta el rey de Francia, Francisco I y su esposa lo querían ver. En los puertos de Francia e Italia se esperaba la llegada del animal con cierta expectación.

       Se acabaron las coincidencias. Sugún la mayoría de los historiadores, el animal cayó al agua durante las maniobras de descarga en el puerto de Lisboa y se ahogó. Otros afirman que el rey de Portugal hizo enfrentar al rinoceronte con uno de sus elefantes, recordando lo que el romano Plinio el Viejo (23-79) había escrito en su “Historia Naturalis” (77), que estos dos animales eran grandes enemigos. Éstos últimos afirman que el rey de Francia vio el animal en el puerto de Marsella, y que el barco se hundió antes de llegar a Italia.

Una de las grandes pasiones del pintor alemán Albrecht Dürer (1471-1528) fueron los animales. Era capaz de caminar días y días para dibujar una ballena o una morsa. Dürer no vio aquel rinoceronte pero lo dibujó. Hizo copias de la xilografía y las vendió. Hizo un buen negocio. Los alemanes apenas tenían ocasión de ver animales de otros continentes.

Los investigadores y estudiosos no vuelven a ponerse de acuerdo. Unos dicen que lo dibujó un portugués y el dibujo le llegó a Dürer; otros, que fue un amigo alemán del pintor el que vio el animal en el puerto de Lisboa, y le envió una carta con la descripción del rinoceronte; hay quien asegura que el amigo del pintor alemán  hizo un esbozo y se lo envió.

Mirando el dibujo y leyendo la descripción que el pintor escribió en el mismo grabado, ciertamente se puede asegurar que Albrecht Dürer no lo llegó a ver.

Marco Polo (1254-1324) describió los rinocerontes. Además, parece que este animal es el origen del mito del unicornio.

Pero, ¿porqué explicamos esta historia?

Hay quien asegura que el animal sólo se pudo sacar muerto de las aguas del puerto de Lisboa, y que el rey de Portugal lo mandó disecar.

Si alguien conoce la verdadera historia de aquel animal, y si se disecó o no, os agradeceremos que nos lo hagáis saber.

En la actualidad, el dibujo se puede ver en el Museo Británico de Londres.

 

De Cartago hasta el siglo XX: algunas citas.

El Arte de la Taxidermia tal y como la entendemos en la actualidad, es decir, preparar los animales para conservarlos con el importante detalle de darles apariencia de vivos, es una técnica  mucho más reciente. ¿Cuándo nace? Exactamente no lo sabemos.

“El Periplo de Hanón” es un escrito que describe el viaje que el rey cartaginés Hanón hizo en el año 425 a. C. La expecición fenicia de sesenta barcos y treinta mil personas salió de Cartago (la actual Túnez) y llegó al golfo de Guinea, donde cazó tres “mujeres peludas” que sus intérpretes llamaron gorilas. Las desollaron y se llevaron las tres pieles a Cartago. La mitología llega a identificar estas tres pieles –que se afirma que se llegaron a exponer en el templo de Melkart- con las diosas griegas llamadas Gorgonas

Pero claro, el hombre primitivo ya utilizaba pieles de animales para abrigarse.

Según el médico de origen griego Claudio Galeno (130-199) –que veló por la salud de los emperadores romanos Marco Aurelio y Lucio Verio-, Herófilo (335-280) médico también de origen griego y considerado el padre de la anatomía científica, fue el primero en disecar tanto a animales como a personas. Aún así, se ha de hacer notar que, a menudo, se confunde disecar con diseccionar.

Sabemos que el filósofo griego Aristóteles (384-322) dedicó una época de su vida (conocida como su 3ª época) al cultivo de la ciencia positiva, especialmente la Biología. Escribió algunas obras sobre la historia, partes, movimientos y generación de los animales. En ellas cita a unas 500 especies, de las que él personalmente, llegó a disecar unas 50.

Hemos comentado que existe una pequeña posibilidad de que el rinoceronte que dibujó Dürer en el año 1515 se llegase a disecar.

William Shakespeare (1564-1616) en la 1ª escena del 5º acto de su obra “Romeo y Julieta”, en voz de Romeo nos explica que éste recuerda un boticario que en su tienda tenía colgados “una tortuga, un caimán disecado y diversas pieles de peces deformados”.

Oliver Davie (1856-1911), en el libro “Methods in the art of Taxidermy” (1882), nos explica la historia de un noble holandés que poseía, a principios del siglo XVI, una buena colección de aves exóticas provenientes de los intercambios comerciales con las Indias Orientales. Debido a un incidente con el sistema que mantenía el aviario a una temperatura adecuada, las aves murieron. Este noble de Amsterdam, viendo peligrar su extensa colección de aves, consultó con los farmacéuticos de su ciudad sobre la manera de conservar los pájaros muertos, y decidieron tratar las pieles con especias de las Indias. Se alambraron y se montaron presentándolos como si tuvieran vida. Durante muchos años ésa fue la afición de aquel noble holandés.

El escritor francés Julio Verne (1828-1905) en su obra “Veinte mil leguas de viaje submarino” (1870) pone en boca del protagonista: “Dí la orden de enviar a París mis fardos de animales disecados y de plantas secas...”.

Pero cien años antes, a mediados del siglo XVIII, ya empezamos a encontrar bibliografía sobre taxidermia y, por lo tanto, conocemos claramente su existencia y sus procedimientos.

 Las piezas de Taxidermia más antiguas conservadas.

       El animal naturalizado más antiguo que  todavía se conserva es un hipopótamo que se expone en la Sezione di Zoologia La Specola del Museo di Storia Naturale dell’Università degli Studi di Firenze en Italia. Este hipopótamo, aunque no es muy significativo científica y estéticamente -tal y como confiesa el mismo museo-, es interesante dado que, como hemos comentado, se trata del trabajo de taxidermia más antiguo que se conserva. Fue donado al Gran Ducado durante la segunda mitad del Settecento, y durante unos años se expuso en el Giardino di Boboli. Este hipopótamo ya figuraba en el catálogo-inventario que Giovanni Targioni Tozzetto, médico y director del Orto Botanico, hizo en 1763 de los objetos de Historia Natural que se conservaban en la Galleria Imperiale de Florencia. En 1775 con el fondo de la Galería Imperial se fundó el actual museo. El Dr. Schufeldt, de la Smithsonian Institution (Museo Nacional de los Estados Unidos), escribe a finales del siglo XIX que este rinoceronte se montó originariamente para el museo de Ulises Aldrovandus de Bolonia, y que data del  siglo dieciséis.

 

En España, en 1772 el rey Carlos III creó en Madrid el el Real Gabinete de Historia Natural. A finales del siglo XVIII se hizo una doble realización: se disecó entero y además se montó el esqueleto de un elefante indio. En 1813 el museo fue saqueado por las tropas francesas en su retirada, y por el mismo taxidermista del museo, el francés Pascal Moineau. Se reclamaron las piezas robadas, y al año siguiente sólo retornaron parte de ellas. A partir de 1815 este museo se llamó Real Museo de Ciencias Naturales, y a partir de 1913, Museo Nacional de Ciencias Naturales. Aún hoy se conserva este elefante.

En Francia, la primera naturalización del actual Muséum National d’Histoire Naturelle conocida es un rinoceronte de Asia que era propiedad del rey Luis XVI y que se disecó en el año 1793. Actualmente se expone en la Gran Galería de la Evolución. Antes de su apertura en el año 1793, este museo ya contaba con ochenta especies de mamíferos, disecados durante el siglo XVIII.

 La primera bibliografía sobre taxidermia

La bibliografía más antigua que encontramos sobre el Arte de la Taxidermia no es muy abundante.

El físico Edward Bolnest publicó en Londres en 1672 un trabajo con el título “Aurora Chymica: or a rational way of preparing animals, vegetables and minerals, for a Physical Use ...”. Este título ya nos indica que no estamos hablando de Taxidermia, sino que de lo que se trata es de conservar los animales o parte de ellos para un posterior uso de la ciencia.

Los principios de la taxidermia están ligados a las necesidades científicas y naturalistas. Durante el Renacimiento los naturalistas identificaban los animales que se habían descrito en la Antigüedad y las enriquecían con sus propias observaciones y comentarios. A partir del siglo XVII los estudiosos de la naturaleza trabajan cada vez menos con ideas preconcebidas y se vuelcan en una zoología más científica. En el siglo XVIII, la necesidad de conocer la Historia Natural incita a los gobernantes a ordenar expediciones científicas a las tierras exóticas descubiertas a partir del siglo XVI. Los naturalistas dibujan y explican, en obras que se publicaban a su retorno, la fauna y flora que se encontraban en las nuevas regiones del mundo. Además, proveían de objetos las colecciones de Historia Natural que muchos aficionados, la mayoría ricos, acumulaban en museos privados. Es en este siglo XVIII en el que encontramos las primeras publicaciones más directamente relacionadas con el Arte de la Taxidermia.

Como ejemplo se puede citar a René Antoine Ferchault de Réaumur (1683-1757), matemático, físico y naturalista francés, conocido sobre todo por haber inventado el termómetro de alcohol, quien publicó en el año 1748 en el volumen anual de “The Philosophical Transactions of the Royal Society of London”, un escrito sobre los diversos métodos para conservar aves muertas, métodos que también se podían emplear para cuadrúpedos, reptiles, etc. Réaumur poseía una buena colección de animales disecados.

Karl  von Linné (1707-1778), reconocido naturalista sueco y profesor de la Universidad de Upsala, autor del sistema binario Systema Naturae  que durante siglos ha clasificado la fauna y flora mundial, publicó en 1753 un trabajo con el título ”Instructio Musei Rerum Naturalium” en el que daba instrucciones a los expedicionarios a las colonias sobre cómo se habían de preparar los objetos de Historia Natural con la finalidad de que llegasen al Museum Rerum Naturalium -que el fundó a Upsala en 1744- en condiciones de ser estudiados por los naturalistas. Los cuadernos con instrucciones escritos por naturalistas son muy frecuentes. Tenemos conocimiento que aún a principios del siglo XX, muchos museos occidentales los editan.

Otro ejemplo destacable es François Étienne Turgot (1721-1788), marqués de Sousmont, caballero de la orden de Malta, soldado y viajero, gobernador de la Guayana entre los años 1764-65 y hermano del conocido ministro de economía del último rey de Francia, quien publicó en el año 1758 una “Mémoire Instructif sur la manière de rassembler, de préparer, de conserver et d’envoyer les diverses curiosités d’histoire naturelle”.

El abad francés Denis Joseph Manesse, publicó en París en 1787 un libro titulado“Traité sur la manière d’empailler et de conserver les animaux, les pelleteries et les laines”. Este libro contaba con el visto-bueno de la Académie Royale des Sciences y el abad Manesse lo dedicaba a Mr. Daubenton, doctor en medicina, miembro de la Académie des Sciences y, entre otros cargos, conservador de la colección del rey de Francia. Este manual está considerado por la mayoría de taxidermistas como el primer tratado de Taxidermia. En este libro de doscientas páginas se explica la forma de desollar, tratar las pieles y rellenar los mamíferos, los reptiles y las aves y, como curiosidad, dedica un capítulo a “la manière de faire des yeux imitant parfaitement la nature”.

En España, el primer libro de taxidermia conocido es una traducción del año 1833 que hizo Santiago de Alvarado y de la Peña, “escriba de S.M. y del ilustre Colegio de Madrid”, de una obra francesa escrita por el naturalista Pierre Boitard y publicada en Paris en el año 1825 con el título ”Manuel du Naturaliste Préparateur”. Este manual francés, el primer “best seller” de la Taxidermia, se fue actualizando y reeditando sucesivamente. La última edición de la que tenemos noticia es de 1981.

Otros títulos bastante conocidos e influyentes de los inicios de la bibliografía sobre Taxidermia son “Anleitung zum Ausstopfen und Ausbewahren der Vögel und Säugerthiere” del alemán Georg Bekker Pistorius (Darmstadt, 1799); “Méthode de préparer et conserver les Animaux de toutes les classes” de Pierre François Nicolas (París, 1801); o  “L’art d’empailler les oiseaux” de Hénon y J. P. Mouton-Fontenille (Lyon, 1802).

 Técnicas de curtido y preparación de las pieles.

Situado el inicio de la Taxidermia, como hoy la conocemos, a caballo de los siglos XVI-XVII, nos centraremos en las técnicas y los acontecimientos que marcan la evolución de este Arte.

El desollado de las pieles siempre se ha hecho de una forma similar, pero han variado bastante las fórmulas que se han utilizado a la hora de tratar las pieles para conservarlas e intentar acabar con el peligro que supone la voracidad de insectos y larvas.

Los egipcios usaban aceites y esencia de trementina, además de la sal.

Hemos comentado que el noble holandés del s. XVI utilizaba especias de las Indias para conservar las pieles de sus aves exóticas muertas.

En las primeras fórmulas (s. XVIII) nos encontramos con que las pieles de los pájaros se barnizan con preparados (Kuckham, 1770) que tienen como componentes la pimienta negra, el tabaco, la sal, la cal, el alumbre, “flores” de sulfuro, etc. Las pieles de los mamíferos se sumergían en baños (Manesse, 1787) hechos a base de agua, sal, alumbre de roca (sulfato de aluminio) y “crema” tártara. Como curiosidad, la fórmula de agua, sal y alumbre de roca como baño para las pieles de los mamíferos ha aparecido continuadamente en muchos manuales y la encontramos hasta  la década de los años sesenta del siglo XX.

A principios del s. XIX casi todas las fórmulas de compuestos preservativos para pieles (sobre todo de aves) contienen arsénico (blanco, amarillo o rojo), cal, “vert-de-gris”, y otras sustancias tóxicas, que se mezclaban con agua para facilitar la penetración en la piel. La mayoría de autores previenen de la peligrosidad que supone respirar las partículas de estos venenos. Se abandona progresivamente el uso de la sal dado que, a la larga, ésta atrae la humedad y es corrosiva con los alambres.

Una revolución en este campo fue el “jabón arsenical” que creó Jean Baptiste Bécoeur (1718-1777), farmacéutico de Metz, y que provocó debates en su época (“Journal de Physique”, 1774). Este jabón era una mezcla hecha a base de arsénico blanco, cal, sal tártara, jabón y alcanfor. El Museo de Historia Natural de París adaptó rápidamente esta fórmula para sus trabajos.

A mediados del siglo XIX se empiezan a usar fórmulas conservantes no venenosas, hechas con taninos, pimienta roja, alcanfor y alumbre. Por su eficacia, el “jabón arsenical” se continuará utilizando hasta bien entrado el siglo XX.

En 1943 el norteamericano leon Luther Pray en “Taxidermy” destaca la utilización del bórax en polvo y de las soluciones saturadas de bórax como conservantes de las pieles. El bórax en polvo se continua utilizando, aún en la actualidad, para conservar las pieles de las aves y de los pequeños mamíferos.

Aunque durante el s. XX el curtido de pieles se revoluciona con el curtido con sales de cromo, el curtido de la piel para Taxidermia requiere una elasticidad que el cromo no aporta. A mediados de los años setenta se abandona el curtido con agua, sal y alumbre de roca, y las pieles de mamíferos se curten con técnicas artesanales, utilizando fórmulas de la industria del cuero, y sustituyendo las sales de cromo por los sulfatos de aluminio.

Técnicas de relleno.

Al principio, las aves y los pequeños mamíferos se alambraban y luego se rellenaban de esparto, algodón u otros materiales. Para los animales más grandes se hacía un “esqueleto” de madera y alambre, y después se envolvía con estopa, virutas de madera, etc., hasta conseguir la forma del animal.

A mediados del siglo XIX el alemán Philipp Leopold Martin desarrolla la técnica de la “dermoplastia” que se aplica a los grandes mamíferos. Esta técnica, más larga y laboriosa, consistía en hacer una escultura acabada en escayola. El interior de esta escultura también contenía una estructura de hierro y madera. Esta técnica pronto se extendió al resto de Europa y a los Estados Unidos.

También a mediados del siglo XIX se abandona el alambrado previo y posterior relleno de los pequeños animales, y se generaliza la confección previa de un cuerpo del mismo tamaño, hecho con viruta de madera o estopa y alambre, que después se introducirá en el interior de la piel desollada y tratada. Esta técnica se mantiene en la actualidad.

A finales de los años sesenta y principio de los setenta del pasado siglo XX, las pieles de los grandes mamíferos se montan sobre esculturas hechas sobre fibra de vidrio i vacías en su interior. Se buscaba rebajar el peso de los trabajos.

A partir de 1970 se extiende el uso de la espuma de poliuretano rígido. Este material aportaba algunas ventajas más. A su ligereza se añade la posibilidad de esculpirlo fácilmente (cortar, limar, lijar, etc). En principio, se esculpían los animales a partir de un bloque, pero pronto, la repetición del mismo trabajo a la hora de hacer esculturas de un mismo tipo de animal, invitaba a que cada taxidermista hiciera la escultura una sola vez y luego, a partir de ésta, fabricase un molde en fibra de vidrio, para hacer copias. Casi la totalidad de taxidermistas poseen en la actualidad moldes de fibra de vidrio de las especies más comunes, con diferentes tallas y posiciones, lo que permite obtener las esculturas directamente y solamente tener que hacer pequeños retoques para ajustar sobre ellas las pieles curtidas.

Los ojos de vidrio aún se fabrican como nos enseñaba el abad Manesse a finales del siglo XVIII. A partir de los últimos años ochenta, para los grandes mamíferos se generaliza el uso de ojos de fabricación industrial y pintados al fuego.

Los taxidermistas actuales se “fabrican” los paladares y las lenguas con poliéster, resina o silicona y, progresivamente se va abandonando el uso de la escayola.

Actualmente, la industria proveedora –sobre todo norteamericana- presiona para vender esculturas de poliuretano de pequeños mamíferos, aves, y peces; bocas de mamíferos de plástico, patas de aves de plástico y picos de resina, que sustituyen las originales. No tiene ningún sentido. Además de desvirtuar el arte de la taxidermia, dificulta y complica el trabajo.

También en la actualidad aún encontramos algun taxidermista que repudia el uso del poliuretano. Tampoco tiene mucho sentido.

Humildemente creemos que se ha de buscar el equillibrio entre la continuación del trabajo artesano y la utilización de nuevos materiales que facilitan este trabajo.

© Salvador Pérez Moreno, artesano taxidermista.

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